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Jafar Panahi es uno de los cineastas iraníes más reconocidos del mundo, no solo por la calidad artística de su obra, si no por su valentía al denunciar las injusticias sociales de su país. Ese prestigio internacional le ha valido premios y ovaciones fuera de Irán, pero censura, persecución y cárcel en su propia patria.

En el año 2000 escribió y dirigió El Círculo, una película que expone el sistemático maltrato a las mujeres bajo el régimen islámico. Desde entonces comenzó el acoso judicial en su contra. Sin embargo, fue Offside —la historia de jóvenes que se disfrazan de hombres para entrar a un estadio de fútbol, algo prohibido para las mujeres— la que terminó por sellar su destino: en 2009 fue detenido y, en 2010, encarcelado en la temida Prisión de Evin, en donde recluyen a los presos políticos.

Artistas de todo el mundo protestaron exigiendo su liberación, junto a la de otros cineastas perseguidos, como Mohammad Rasolouf, hoy exiliado en Alemania, cuyo cine denuncia la tortura y la pena de muerte (Por ejemplo, su película The Seed of the Secret Fig nominada al Oscar 2025). Panahi, Rasolouf y varios intelectuales, especialmente mujeres, han sufrido prisión, arresto domiciliario y violencia por atreverse a exigir libertades básicas.

En su más reciente película, premiada en festivales europeos y candidata al Oscar 2026, Panahi —ahora exiliado en Francia— parte de lo que parece Un simple accidente para construir una tragicomedia que desnuda la perversidad del aparato represivo iraní.

Pero no es un “simple accidente” que Irán viva bajo hiperinflación, censura y ausencia de libertades. Tampoco lo es que millones de riales se destinen a financiar a grupos armados como Hamas, Hezbollah o los Hutíes, mientras la población se empobrece y protesta masivamente, como no ocurría desde 1979.

¿Dónde están las protestas globales, las sanciones morales, el clamor internacional? La indiferencia ante la tragedia iraní demuestra que no es un accidente que algunos crímenes indignen al mundo… y otros se ignoren convenientemente.

FUENTE: NO COMMENT TV

Los iraníes no son palestinos y no porque sean persas y los palestinos sean árabes, solamente, si no porque a los activistas del mundo les tiene poco cuidado su sufrimiento y destino.

Lo que sabemos

La administración Trump tuvo como prioridad capturar a Maduro por tres razones centrales. Primero, por encabezar un régimen que Washington considera una amenaza estratégica, al facilitar el tráfico de drogas hacia EE. UU.; la calificación de “cartel” es, más allá de lo político, una figura jurídica de la fiscalía que procesa a Maduro y a Cilia Flores. Segundo, por haber permitido que Venezuela se convirtiera en plataforma de militares cubanos y rusos —la eliminación de su anillo de seguridad, integrado por cubanos, lo confirma— y de funcionarios iraníes que, presuntamente, explotan minerales para una industria sancionada por financiar a Hezbollah, Hamas y otros grupos islamistas. Chávez definió esa alianza como la de “dos revoluciones hermanas”.


Tercero, por enviar un mensaje disuasivo a la cúpula chavista que, por ahora, permanece en el poder. No sabemos si esta estrategia facilitará una transición democrática, pero sí es evidente que, bajo Delcy Rodríguez, un régimen antes furiosamente antiyanqui hoy obedece órdenes de Washington: liberación de hasta ahora, unos pocos presos políticos, entrega masiva de petróleo para exportación y otras concesiones en curso.

Lo que no sabemos, pero despierta sospechas

Existe alta probabilidad de una traición interna para salvar pellejos ante una posible “extracción” a una cárcel neoyorquina: las fuerzas Delta llegaron al búnker antes de que Maduro pudiera refugiarse en una bóveda sellada. También se especula sobre negociaciones con chavistas “moderados” para una transición gradual a cambio de futura impunidad; The Miami Herald habló de reuniones entre Delcy Rodríguez y Marco Rubio en Qatar en octubre de 2025.

Además, la operación —rápida, eficiente y casi hollywoodense— pudo ser un mensaje a Rusia, China y otros actores: América Latina sigue siendo área de influencia estadounidense y su tecnología militar no es retórica.

Lo que se discute y no cambiará nada

El debate sobre una “nueva era” geopolítica, la supuesta violación de la soberanía venezolana o la legalidad de la extracción de Maduro —quien carece de inmunidad tras robar la presidencia— seguirá encendiendo pasiones selectivas. El rol de María Corina Machado es clave, pero desmontar un aparato represivo requiere tiempo.

Un detalle más

Los ataques también destruyeron armamento ruso e iraní que el régimen podía usar contra Guyana, hoy en ascenso petrolero con apoyo estadounidense. Evitar una futura guerra pudo ser, también, un objetivo.

Por último

Lo único seguro es que nada es seguro, y que muchos seguirán “analizando” con la solemnidad de quienes creen saberlo todo.

Finalmente ocurrió. El dictador que encarnaba al Cartel de los Soles —esa fracción de la cúpula militar y política venezolana que se enriqueció traficando con el crimen organizado— fue capturado por fuerzas de inteligencia y comandos estadounidenses. Así funciona el poder: quien cree merecerlo de por vida puede perderlo en minutos, detenido en la intimidad de su dormitorio. No sucede con todos los autócratas ni con todos los mafiosos; muchos mueren plácidamente tras largas vidas —Stalin, Mao, Fidel, Pinochet—, pero a veces la historia concede justicia terrenal y algunos pagan sus culpas tras las rejas.

Así terminará la historia de Nicolás Maduro. No debemos olvidar que fue el heredero del hombre que instauró la dictadura bolivariana, Hugo Chávez, quien, gracias a su carisma, su elocuencia y a no haber gobernado durante las “vacas flacas” de la economía venezolana, logró seducir a millones de compatriotas y también a la izquierda latinoamericana, que lo vio como sucesor de Fidel Castro. A ambos los calificaron —como señalé en artículos anteriores— de “dictadores buenos”. Ese es, precisamente, el drama de la izquierda rancia. Vuelvo a Orwell: “El pecado de casi todos los izquierdistas a partir de 1933 ha sido querer ser antifascistas sin ser anti totalitarios.”

¿Lo negativo de lo ocurrido?

Figuras del chavismo que, como Maduro, se creen intocables siguen aferradas al poder: Diosdado Cabello, Padrino López, los hermanos Rodríguez. Solo si entienden que el inquilino de la Casa Blanca es capaz de ir tras ellos podría abrirse una salida relativamente rápida.

Segundo, que fue el gobierno de Trump —y no otros—el que actuó contra el régimen chavista. Su discurso es abiertamente imperial: habla de Venezuela como colonia, de hegemonía hemisférica, de petróleo, narcotráfico y terrorismo. No menciona a los presos políticos ni tampoco la tortura, la represión ni la censura. Lo más grave, ningún funcionario estadounidense menciona que la transición la debe conducir el presidente legítimamente electo, González Urrutia y María Corina Machado.

Trump hizo lo que los venezolanos pidieron durante más de dos décadas a la región cuando, invocando la Carta Democrática Interamericana y la Responsabilidad de Proteger a los Pueblos, exigieron algún tipo de intervención para librarlos de un régimen que se basa en el terrorismo de estado y la violencia institucionalizada.

Paradójicamente, un imperialista puede estar rescatando a un país que, por la voracidad de sus gobernantes, permitió la invasión consentida de otros imperios: China, Rusia, Irán y sus satélites.

LA IDEOLOGÍA COMO DELIRIO

La decisión de algunos escritores talentosos, como Laura Restrepo —ganadora del Premio Alfaguara en 2004 por Delirio—, y de otros autores, de cancelar su participación en el Hay Festival de Cartagena el próximo enero, en protesta por la invitación a María Corina Machado (MCM), es una señal de que incluso personas inteligentes pueden caer en una profunda intolerancia frente a quienes piensan distinto.

El Hay Festival es una organización sin fines de lucro que realiza encuentros culturales internacionales enfocados en la literatura, las ideas, el arte y el pensamiento crítico. Originado en 1988 en el pequeño pueblo galés de Hay-on-Wye, conocido por sus numerosas librerías, el evento se ha expandido globalmente para convertirse en un referente de diálogo e intercambio intelectual. En América Latina destacan el Hay Festival de Arequipa, Quéretaro y Cartagena de Indias. 

Los organizadores del festival respondieron con sobriedad: “Respetamos la decisión de quienes han optado por no participar en esta edición, porque entendemos la cultura y el pensamiento como territorios donde el disenso, la reflexión crítica y la escucha respetuosa son fundamentales para la ciudadanía”.

Sin acusarlos directamente, dejaron al descubierto la contradicción de quienes rechazan un espacio plural por la presencia de alguien a quien acusan de “promover el imperialismo y la violación de la soberanía”. Machado, por su parte, ha explicado reiteradamente que Venezuela ya fue invadida —con el consentimiento del chavismo— por cubanos, rusos, iraníes, chinos y guerrillas colombianas, entre otros actores.



Quienes hoy boicotean el Hay Festival repiten un patrón conocido. Así actuaron miles de intelectuales que apoyaron a la Unión Soviética pese a su imperialismo, sus masacres internas y su pacto con Hitler para repartirse Polonia. Durante décadas, la izquierda rancia solo identificó como enemigo al imperialismo yanqui, hasta que unos pocos — como André Gide y Albert Camus en Francia; Arthur Koestler y Sándor Márai en Hungría; Octavio Paz y Mario Vargas Llosa en América Latina— comprendieron que comunismo y fascismo eran, en esencia, dos caras de la misma moneda.

EL ESCRITOR ERNESTO SÁBATO EN ENTREVISTA CON RADIO TV ESPAÑOLA, EN 1977, COMENTA SOBRE SU ALEJAMIENTO DEL ANARQUISMO Y EL COMUNISMO.

https://www.youtube.com/watch?v=QhAa8pocyoc

Al preguntarme por qué gran parte de la izquierda europea nunca condenó —salvo honrosas excepciones— a las tiranías totalitarias de izquierda, intenté comprender algo que aún me resulta insondable: ¿cómo tantos intelectuales simpatizaron con el comunismo a sabiendas de los crímenes de Stalin? ¿Cómo explicar la ceguera — y la complicidad— frente a las atrocidades de la China maoísta, Camboya, y hasta hoy de Corea del Norte, Cuba o de la Venezuela chavista-madurista?

ANTONIO ESCHOTADO FUE UN FILÓSOFO, JURISTA Y SOCIOLOGO ESPAÑOL QUE LUEGO DE SER COMUNISTA, A TRAVÉS DE LA INVESTIGACIÓN PARA HACER SU GRAN OBRA: LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO (2008), SE VOLVIÓ UN DEFENSOR DEL LIBRE MERCADO Y POR SUPUESTO, DE LA LIBERTAD.

En “Totalitarismo, dictadura y autoritarismo: definiciones y redefiniciones”, texto académico de mi autoría publicado en 2013 por la revista del Instituto de Gobierno de la USMP del Perú, advertí que la Venezuela de Hugo Chávez ya se había convertido en un régimen autoritario con una clara deriva totalitaria.

Allí subrayé una idea incómoda pero fundamental: el fascismo y el totalitarismo son ambidiestros. Recordé que George Orwell, autor de 1984, fue uno de los primeros en vincular comunismo y fascismo en un artículo publicado en Tribune en el cual Orwell advirtió que “el pecado de casi todos los izquierdistas a partir de 1933 es haber querido ser antifascistas sin ser anti totalitarios”. Añadí, además, la tesis de Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo (1951), según la cual los experimentos nazi y soviético eran “hermanos gemelos” por su culto al colectivismo y la supremacía del Estado sobre el individuo.


Vuelvo a preguntarme por qué una izquierda “pensante” critica el Nobel otorgado a María Corina Machado acusándola de promover un ¨golpe¨ y una intervención internacional tras haber conducido a Edmundo González a una victoria electoral demostrada con actas que, con un golpe desde el poder,  le fue robada a casi el 80% de los venezolanos.

MCM se atreva a proponer que países democráticos —aunque los lidere Trump— ayuden a los venezolanos, del mismo modo en que brigadas internacionales y Stalin acudieron a defender a los republicanos durante la Guerra Civil española, luego que los franquistas abrieron las puertas de su país a los Nazis y a las tropas de Mussolini. Si hasta el día de hoy el mundo democrático comprende la alianza de los republicanos españoles, incluso con tropas de una nación totalitaria y guerrilleros con ideologías nada libertarias, por qué negarle el mismo derecho a los legítimos representantes de los venezolanos que son González, Machado y su equipo

La explicación: una vez más son los viejos delirios de la incoherencia.

Salvo la excepción de Boric, el silencio o las críticas de la izquierda latinoamericana frente a Machado y a millones de venezolanos solo se explican con esta frase de Orwell: “En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”. Y la verdad es que Venezuela, sin ayuda internacional, difícilmente podrá expulsar a un régimen sostenido por potencias y grupos imperialistas que lo mantienen en el poder.

El Nobel de la Paz de María Corina es el de una gran mayoría de venezolanos que votaron en masa por lo que ella representa, cuando en junio de 2025 Edmundo González ganó con casi el 80% del apoyo del pueblo.

YA ES NOBEL LA CARAQUEÑA

Con la misma intensidad emocional y un parecido físico sorprendente, Ana Corina Sosa Machado, hija de María Corina Machado (MCM) leyó el discurso del Nobel de la Paz 2025 mientras persistían rumores y algunas fake news sobre la llegada o no de la caraqueña a la ciudad de Oslo.

Todo el discurso redactado por MCM es una pieza magistral, no solo de oratoria, si no también de lo difícil que es defender los valores de libertad, dignidad y optimismo en un país dominado por una tiranía que a la vez, es una corporación criminal con apoyos internacionales de otros estados mafiosos: ¨»Desde 1999, el régimen se dedicó a desmantelar nuestra democracia: violó la Constitución, falsificó nuestra historia, corrompió a las Fuerzas Armadas, purgó a los jueces independientes, censuró a la prensa, manipuló las elecciones, persiguió la disidencia y devastó nuestra biodiversidad», describió sin que faltase ni un punto o coma MCM a través de su hija.

Una de las reflexiones más importantes las dirigió a todas las sociedades que hoy, están frustradas, justificadamente, con sus democracias: ¨Mi generación nació en una democracia vibrante y la dábamos por sentada. Asumíamos que la libertad era tan permanente como el aire que respirábamos. Apreciábamos nuestros derechos, pero olvidábamos nuestros deberes¨.

El presidente del Comité Noruego del Nobel, Jørgen Watne Frydnes fue duro con un mundo indiferente a la tragedia venezolana, recordó que hay muchos ¨gritos¨ de presos políticos torturados por el régimen chavista y explicó que la movilización para una salida pacífica y democrática que encabezó MCM buscando es la prueba de que el pueblo venezolano merecía el galardón.

Es irrelevante lo que digan las viudas de este Nobel: fascistas de izquierda (recordar: el fascismo es ambidiestro) como el dictador cubano; Petro el Pablo Iglesias y sus secuaces de Podemos; el desfasado ex Nobel Pérez Esquivel (¡qué decepción!); y otras ¨joyas¨ como Putin, y quienes guardaron cómplices silencios como Sheinbaum, Lula, etc.

Y aunque tarde, por los peligros, Ya llegó la caraqueña, como titula una canción Ebert Romero quien expresa: “…la golpearon, la vejaron, pero nunca se rindió; la batalla libertaria con astucia preparó”. 

PAÍS GRANDE…

Sudán es el tercer país más extenso de África y arrastra desde su independencia en 1956 una historia de guerras internas, dictaduras y persecuciones. Durante tres décadas estuvo sometido al régimen de Omar al Bashir (1989-2019), responsable de un sistema represivo que incluyó el genocidio en Darfur contra comunidades cristianas (2003-2005).

AL BASHIR

Tras la caída del dictador, el país no encontró estabilidad: estalló una feroz disputa de poder entre facciones militares y paramilitares.

El conflicto es complejo y combina factores étnicos, religiosos, económicos y geopolíticos. En el norte predomina la mayoría árabe musulmana, mientras que en el sur —que se independizó en 2011 con el nombre de Sudán del Sur— habitan etnias africanas cristianas. A ello se suman intereses externos: Arabia Saudita y Egipto respaldan al jefe del Ejército, Abdel Fatah al Burhan, mientras Chad, Sudán del Sur y Libia apoyan al general Mohamed Hamdan Dagalo, “Hemetti”, líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR).

Las FAR nacieron de los Janjaweed, los “jinetes armados” creados por Al Bashir para intentar el exterminio de todos los cristianos de la región de Darfur para que toda Sudán fuese ¨puramente¨ musulmana (¡por la intencionalidad y lo sistemático de las matanzas esto fue ¨genocidio¨!).

La intención de Al Burhan de disolver este grupo paramilitar y unificar el mando militar precipitó la ruptura. Desde entonces, dos generales que en 2019 prometieron conducir al país hacia la democracia libran hoy una sangrienta guerra por el poder y el control del oro, tercera mayor exportación mundial. La mayoría de los yacimientos está bajo dominio de Hemetti, con el apoyo de los mercenarios rusos del grupo Wagner, aunque Al Burhan también controla explotaciones clave.

El saldo es devastador: decenas de miles de muertos, millones de desplazados y un país al borde del colapso. ¿Pensaron que este conflicto tan mortífero es consecuencia de ideologías, ideales o convicciones? Dicen que en ¨pueblo chico infierno grande¨, y los sudaneses en su país grande sobreviven en un infierno aún más extenso.

La supuesta propuesta de paz de Trump para poner fin a la guerra en Ucrania parece haber sido redactada en Moscú para imponer al país invadido una capitulación disfrazada de negociación diplomática.

 FUENTE: THE NETHERLAND. CARICATURA DE TOM JANSSEN. WEBSITE: https://www.cosmopolitics.news/p/ukraine-on-a-platter

El 25 de febrero se hizo evidente, en La Casa Blanca, que Trump impondría su agenda, por la fuerza, a Zelensky. En ese momento el presidente ucraniano explicaba que ya se habían hecho acuerdos pasados con Putin para cese al fuego que el dictador ruso no cumplió y tanto el vicepresidente J. D. Vance y su jefe lo acorralaron: ¨…no estás en una buena posición. No tienes las cartas ahora mismo. ¨ – le dijo Trump enojado.

Esta tensa escena que, nos permitió a los simples mortales que no vemos lo que sucede tras las bambalinas del poder mundial, pero lo que no percibimos fue el resonante mutismo de del secretario de Estado Marco Rubio. Y es que él podría ser el único miembro del gabinete de Trump que no ve la geopolítica solo como un asunto de negocios. Como senador con experiencia en el comité de defensa del congreso Rubio estuvo de acuerdo con la entrega de dinero, armas e inteligencia a Ucrania y mostró una visión estratégica sobre el Medio Oriente, el Pacífico y Latinoamérica (es probable que es el principal estratega de acorralar al chavismo).

En estos días, mientras negoció con los europeos lo que el mismo podría percibir como un acuerdo de saqueo económico a Ucrania y premios a Putin a cambio de inversiones con EEUU, Rubio lució algo avergonzado y tuvo que poner la mejor cara. Su posición es difícil porque debe competir con el protagonismo de Vance y del empresario Witkoff.

Rubio es para mí el termómetro de este gobierno. Si renuncia debemos preocuparnos sobre la dirección que está tomando este gobierno¨. Creo que Zelensky y los venezolanos, entre otros, apostamos a Rubio.

Después de más de un año y medio de intensas protestas y críticas —algunas sensatas y justificadas, otras claramente malintencionadas— contra Israel por su conducción de la guerra en Gaza, ahora que una frágil tregua se sostiene en esa región no se observa la misma obsesión por enviar flotillas de ayuda humanitaria, ni hay urgencia en ciertos gobiernos por colaborar en su reconstrucción. También se diluyó el entusiasmo por organizar manifestaciones o saturar los medios y redes sociales con denuncias sobre lo que ocurre en la supuesta “segunda fase” del plan de Trump.

Tras el intercambio de más de mil prisioneros palestinos por los últimos rehenes secuestrados en la masacre perpetrada por Hamas en el sur de Israel en octubre de 2023, y luego de la retirada parcial del ejército israelí de Gaza, el gobierno de Netanyahu abrió dos corredores para que organismos internacionales alivien la situación humanitaria. Por alguna razón, este hecho —que contradice la narrativa de un “genocidio”— no parece despertar interés.

Tampoco resulta relevante, para muchos medios y simpatizantes de la causa palestina, que los dirigentes de Hamas declaren abiertamente que no se desarmarán, pese a que este es un requisito básico del cese al fuego y una demanda respaldada incluso por la mayoría de países árabes y gobiernos islámicos como Pakistán, Indonesia o Turquía. Esta exigencia se encuentra estancada frente a la apatía de un mundo que ahora prefiere distraerse con la demagogia de Trump, Mandani y Maduro pidiendo un “Give Peace a Chance”, con los delirios de Petro Navaja o con los libros autobiográficos del ex rey Juan Carlos y de la ex “madrastra¨ Isabel Preysler.

Si no hubo reacción mundial cuando, tras la retirada parcial israelí, Hamas fusiló a rivales palestinos acusados de traición, no sorprende que tampoco exista mayor interés en la creación de una fuerza multinacional que proteja a los gazatíes de sus propios fanáticos y permita iniciar la reconstrucción del territorio.

¿Por qué nada de esto genera mayor atención? ¿Será porque no hay judíos involucrados en la prolongación del sufrimiento en Gaza? La respuesta es obvia y dolorosa para el pueblo judío que —y me incluyo— constata que, bajo el subterfugio del “antisionismo”, se camufla un viejo odio al judío alimentado por el islamismo radical y las ideologías extremistas de derecha e izquierda, todo ello fermentado en el vacío de ignorancia de un mundo tiktokiano.

Desde una puerta del Palacio del Elíseo con vista al número 5 de la rue du Faubourg Saint-Honoré, en el VIII Distrito de París, Emmanuel Macron miraba al vacío hasta que, de pronto, dirigió la mirada hacia el joven peruano al que había conocido en la Catedral de Notre Dame: un tal Saint-Jaques Zavala.

Este le había pedido al presidente francés que lo llamara “Petite Zavala” o Zavalita.  Entonces Macron, como si hablara consigo mismo, lanzó la pregunta: “¿En qué momento se había jodió La France?”.

Algunos dirán que nada de esto ocurrió y que es solo una adaptación del célebre inicio de Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa, trasladada a la realidad parisina para interrogar, con ironía literaria, el estancamiento político, la crisis económica y el desencanto social que atraviesan los franceses. Pero el paralelismo no es gratuito porque Perú ha tenido ocho presidentes en diez años y Francia, en apenas dos años del segundo mandato de Macron, ya ha visto pasar cinco primeros ministros.

Reelegido en 2022, Macron perdió lo que más necesitaba: una mayoría parlamentaria. La Asamblea Nacional quedó dominada por dos bloques enfrentados —la ultraderecha de Marine Le Pen (Agrupación Nacional) y la izquierda del Nuevo Frente Popular de Jean-Luc Mélechon— obligando al presidente, líder del partido Renacer, a pactar coyunturalmente con socialistas y republicanos, los partidos que durante décadas sostuvieron la Quinta República.

Pero la debacle en las elecciones al Parlamento Europeo lo llevó a tomar una decisión arriesgada em 2024: disolver la Asamblea y convocar nuevos comicios. El tiro salió por la culata, que, en este caso, aunque nada tiene que ver con los sants-culotses, – aquellos militantes extremistas de clase baja de la Revolución Francesa – de los 577 escaños, 143 fueron para Le Pen y 182 para Mélechon, quienes representan a los extremistas de derecha e izquierda de hoy. Los partidos tradicionales, apenas sobrevivientes, pasaron raspando la valla electoral.

Quizá La France empezó a resquebrajarse cuando se vio obligado a enfrentar un déficit fiscal desbordado y una deuda que bordea los 67 mil millones de euros, impulsándolo a aprobar una reforma previsional impopular pero inevitable, elevando la edad de jubilación de 62 a 64 años y desatando furia en las calles.

 También tuvo la mala fortuna de gobernar en medio de un mundo revuelto: los costos de apoyar a Ucrania en su guerra de supervivencia frente a Rusia, los golpes de Estado en el Sahel —Mali, Burkina Faso, Níger, Chad— territorios cuyas materias primas y economías han orbitado París desde la época colonial, y cuyos nuevos gobiernos militares hoy prefieren los brazos de Moscú y Pekín.

¿O comenzó la hecatombe antes, cuando decidió subir el precio de la gasolina y el diésel para financiar políticas climáticas, encendiendo la chispa que dio vida al movimiento de los chalecos amarillos? Tal vez el tiempo pasa factura y los franceses, cansados de promesas incumplidas, buscan soluciones más extremas para la inmigración, la pobreza enquistada en las banlieues (barrios periféricos pobres). Incluso el derrumbe británico y la fatiga alemana terminan salpicando al ánimo nacional.

Lo cierto es que Macron no deja de preguntarse ¿cuándo “ça a a foiré La France? ¨imaginando una conversación imaginaria con un Petite Zavala al estilo de «Conversation à la Cathédrale». Y, como Zavalita en París, busca un interlocutor —un amigo, un confidente — a quien contarle que solo intenta llegar entero al 2027, cuando la ley francesa lo obliga a dejar el poder.

GEN Z: ¿MISMO ADN?

La humanidad se enfrenta a una nueva corriente del protestantismo, pero no parecido al de Lutero o Calvino, sino al de las protestas que, gracias a las redes sociales, se organizan con una rapidez inédita y con rasgos similares en países distintos, unidas por la denuncia de la corrupción, el abuso de poder y la incapacidad política.

El fenómeno no es nuevo, pero sí más frecuente y globalizado. En el siglo XX hubo movimientos emblemáticos: el Mayo Francés y la Primavera de Praga en 1968, las marchas contra la guerra de Vietnam o las luchas por los derechos civiles. En el XXI, el descontento se multiplicó: los indignados tras la crisis financiera de 2008, la Primavera Árabe, las protestas contra dictaduras en Venezuela, Cuba y la del alza de tarifa de transporte en Chile, entre muchas otras.

Hoy las movilizaciones responden a causas diversas —autoritarismo, desigualdad, precariedad institucional—, pero comparten un fondo común: la indignación ante la injusticia y la falta de futuro. Se las agrupa bajo un mismo rótulo: la “revolución de la Generación Z”.

En casi todas las protestas los protagonistas son jóvenes nacidos en la era digital, conscientes de un sistema político que no avanza al ritmo del mundo tecnológico. Ven la realidad desde la inmediatez, sin paciencia para esperar soluciones lejanas a problemas urgentes. Sin embargo, cada manifestación tiene su propio rostro. En Perú, la irrupción de grupos violentos distorsionó las causas originales; en Nepal, el detonante fue la prohibición de redes sociales, que dejó “en modo avión” a una generación que no concibe la vida sin TikTok o Instagram. Y también están las marchas pacíficas en Estados Unidos como las que hubo contra Trump, “No queremos un rey”, en donde la movilización no derivó en violencia.

FUENTE: BBC, Tessa WongAsia Digital Reporter

Entonces, ¿podemos colocar en un mismo saco a todas estas revueltas tan dispersas geográficamente y diversas en sus causas? Quizá en los métodos de convocatoria y frustración ante el futuro inmediato sí hay un ¨ADN común¨, pero no necesariamente todos los que protestan son de la misma generación ni comparten la visión Z del mundo.